Sentir el filo del presente contra la pared fría de litio exige sincronizar la antena. Estamos ante un régimen político de luces aplanadoras, de reflectores¹: un esquema de la percepción donde la luz ya no orienta sino que administra tanto lo visible como lo imaginable. Los reflectores prometen claridad absoluta, pero al hacerlo aplanan el espesor del mundo donde todavía conservamos las zonas de penumbra, aquellas que no queremos ver desaparecer.

El dial gira, pero también cambia de lugar. Se desprende. Ya no solo busca la señal imperativa, sino el órgano capaz de recibirla. Tal vez se precipita hacia abajo, esquivando el hábito de alojar la conciencia entre los ojos y la sien. Desciende por el lumen hacia el estómago, justo debajo del corazón. En su recorrido por los pliegues del cuerpo, el dial desciende no buscando un origen sino gravedad. El pecho descendería dispuesto y una cascada de eventos y sucesos tangentes dibujarían hermosas geometrías curvas, elípticas y efímeras.

Así me sentiría si fuera ese pájaro que pintó Tahuanty, cubierto de hormigas. Estas pinturas suceden bajo un régimen distinto de luz. La luna, las luciérnagas y, a lo lejos, algunas luces humanas comparten el mismo cielo sin anularse entre sí. Eventos de encuentro interespecie y de identidad desdibujada, condensaciones provisionales.

Veo el pájaro y luego veo las hormigas? , o acaso veo un cuerpo pajaro-hormiga?¿cómo llegan a suceder estos encuentros? y cuantas cosas más suceden en la intermitencia? Preguntas que tropiezan no porque las hormigas hayan aprendido, desde siempre, a alimentarse de los parásitos que proliferan entre las plumas de los pájaros, sino porque todavía imaginamos el mundo como una secuencia de hechos que se encadenan linealmente. ¿Y si el encuentro no viniera de un origen sino de una condensación? Como una nube que nunca deja de formarse, una materia imaginativa que no cesa de vibrar con posibilidades infinitas. Es como si el mundo lo ofreciera todo, hasta el infinito mismo en este preciso instante. Entonces, ¿por qué no lo vemos?

Poner el Pecho en la Tierra pone sobre la mesa estas consideraciones. Primero debemos reconocer el régimen de la percepción que nos hacen confundir el valor con el precio del mismo modo en que confundimos la luz con el reflector. Esa misma lógica organiza nuestras economías, nuestras vidas privadas y públicas. Se privilegia la extracción antes que la creación, la explotación antes que el cultivo, la apropiación antes que el encuentro.

Tal vez baste con reconocer el movimiento angular y gravitatorio que ya nos atraviesa para recuperar nuestro lugar planetario. Reconocer que estamos aún imaginando el mundo, deseantes de que no esté resuelto aún. …en alguna parte de la noche, mientras algunos astronautas viajan a la luna, una ave se deja cubrir por hormigas. No hay claridad si es por alivio, limpieza, placer o incluso un saber antiguo del que solo podemos especular. Lo evidente es que ocurre en la tierra, el cuerpo ofrecido hacía a las pinzas y aguijones.

– Gloria Sebastian Fierro

¹ Huberman, Didi, Supervivencia de las luciérnagas