El viaje (2025) es un panel de azulejos compuesto por imágenes fragmentadas tomadas principalmente de ilustraciones de revistas. Las imágenes muestran vistas idealizadas de los Andes que han sido recortadas, y reorganizadas. El conjunto no propone una escena continua, sino una secuencia de fragmentos que se articulan a partir del montaje, construyendo un recorrido visual no lineal.
El proyecto empieza a partir de un mural que Alfredo Guido pintó en 1927 para la Casa Fracassi, en Rosario, Argentina. Esa obra es, en cierta manera, un manifiesto sobre la direccionalidad que debía tomar el modernismo en la región. En ella el artista reunió impresiones de un viaje que realizó por Bolivia y el sur del Perú en una composición panoramica continua y de colores estridentes, creando una arcadia andina en el centro de un puerto industrializado como era Rosario. En El viaje, esa operación de reunir vistas de distintos lugares se traslada al uso de imágenes reproducidas, provenientes de ilustraciones realizadas por artistas como Julia Codesido, Camilo Blas o Apu-Rímac y difundidas en publicaciones impresas, que mantienen una mirada externa e idealizada hacia el mundo andino, idílica, pero en simultáneo entendido como una fuente central para la creación de una vanguardia local.
El viaje (2025) es un panel de azulejos compuesto por imágenes fragmentadas tomadas principalmente de ilustraciones de revistas. Las imágenes muestran vistas idealizadas de los Andes que han sido recortadas, y reorganizadas. El conjunto no propone una escena continua, sino una secuencia de fragmentos que se articulan a partir del montaje, construyendo un recorrido visual no lineal.
El proyecto empieza a partir de un mural que Alfredo Guido pintó en 1927 para la Casa Fracassi, en Rosario, Argentina. Esa obra es, en cierta manera, un manifiesto sobre la direccionalidad que debía tomar el modernismo en la región. En ella el artista reunió impresiones de un viaje que realizó por Bolivia y el sur del Perú en una composición panoramica continua y de colores estridentes, creando una arcadia andina en el centro de un puerto industrializado como era Rosario. En El viaje, esa operación de reunir vistas de distintos lugares se traslada al uso de imágenes reproducidas, provenientes de ilustraciones realizadas por artistas como Julia Codesido, Camilo Blas o Apu-Rímac y difundidas en publicaciones impresas, que mantienen una mirada externa e idealizada hacia el mundo andino, idílica, pero en simultáneo entendido como una fuente central para la creación de una vanguardia local.