El termino RECALCITRANTE hace referencia a las conexiones del hombre negro esclavo con las marcas realizadas en su cuerpo por los sometedores. La práctica de carimbar existió en la Península desde antes de los inicios de la conquista del Nuevo Mundo, práctica que fue trasladada a América y que, precisamente, fue padecida en primera instancia en estas tierras por los nativos.
En 1511 los indígenas de la Española fueron esclavizados por revelarse ante el poder hispano y marcados con una “F” (fugitivo) en la frente. En el caso concreto de los esclavos africanos, este procedimiento de carimbar tenía un claro objetivo económico relacionado con la posesión, la identificación y el pago de impuestos a la Corona. Cada registro o carimba obedece al nombre o apellido de su amo o comprador, siendo este un procedimiento doloroso y sin consentimiento.
La posesión de esclavos no representaba para su dueño solamente un obvio valor económico, también significaba la posibilidad de “exhibir” a los demás su estatus y poder. Muchas de estas carimbas viajaron en los cuerpos de los esclavos por diferentes territorios de América y en cada venta a su cuerpo se agregaba un registro.
De Certeau nos dice: “Todo poder, comprendido el del derecho, se traza primero sobre la espalda de sus sujetos. El conocimiento hace otro tanto. De esta forma, la ciencia etnológica occidental se escribe sobre el espacio que le proporciona el cuerpo del otro. Se podría suponer luego que los pergaminos y los papeles son puestos en lugar de nuestra piel y que, como sustitutos de ésta durante los periodos felices, forman en torno a ella una cubierta protectora. Los libros no son más que metáforas del cuerpo. Pero en los tiempos de crisis, el papel no le basta a la ley y es sobre el cuerpo el sitio donde se traza de nuevo”.
Desde este concepto, recopilo la mayor cantidad de imágenes de carimbas que encuentro en archivos para reconstruirlas bajo aspectos que son difíciles de borrar, porque estas huellas han trascendido hasta nuestros días en el inconsciente y no es posible ignorarlas.
Establezco entonces un puente imaginario para conectar la inscripción en el cuerpo como una huella transitoria y fugitiva con un reflejo que pervive bajo otras dinámicas: la etiqueta, los cortes de cabello y los tatuajes. Todos ellos son grafías que devienen de la práctica de marcar a los esclavos, que a su vez reflejaron un estatus para quienes las realizaban o un desprestigio para quienes las portaban. Poseer estos signos en la actualidad es sinónimo de aceptación o pertenencia.
