“Allí donde los inquisidores sólo veían pactos con Satanás y prácticas demoníacas, había en realidad una particular
forma de resistencia a la esclavitud”. - Luz Adriana Maya
Esta serie fotográfica indaga en las prácticas de magia amorosa ejercidas por mujeres africanas y sus descendientes durante el periodo colonial en el Caribe, con especial énfasis en los archivos del tribunal del Santo Oficio de Cartagena de Indias.
A través de este proceso de investigación y creación, se develan algunos de los saberes y prácticas que estas mujeres desarrollaron y compartieron, muchas veces para aliviar el alma o como estrategias de poder. Así, los conjuros, hechizos y filtros de amor eran empleados para uso propio o como parte de servicios ofrecidos entre mujeres negras, criollas y mestizas.
Durante la Colonia, estas prácticas fueron objeto de persecución por parte de la Inquisición, que se empeñó en reprimirlas. No obstante, en las voces de los inquisidores, mujeres como Lorenzana de Acereto, Paula de Eguiluz, Beatriz de Oviedo, Isabel González y María Salcedo, emergen con discursos que evidencian una resistencia profunda a los sistemas de dominación religiosa, racial y de género.
Desde esta perspectiva, Bien Querer se propone como una relectura de los archivos inquisitoriales, reconociendo en los “conjuros amorosos” una dimensión política, afectiva y estética.
A través de la escanografía, técnica que permite crear imágenes mediante el escaneo directo de objetos, se construye un cuerpo visual que alude a la práctica del “bien querer”, otorgando forma y presencia a fórmulas orales, saberes y cosmologías desplazadas por la hegemonía colonial.
Este proyecto es, al mismo tiempo, un gesto de memoria, una evocación de los afectos subversivos y una exploración visual del deseo como fuerza de vida y cimarronaje simbólico.
Conjuro de Santa Martha
El análisis de las relaciones de causa y los autos de fe del Tribunal de la Inquisición de Cartagena de Indias en el siglo XVII evidencia el uso recurrente de oraciones como la de Santa Marta entre criollos, africanos y sus descendientes, citadas en procesos como los de Paula de Eguiluz y Juan Lorenzo Mulato. La elección de esta figura no respondía a una devoción católica convencional, sino a su incorporación en rituales con fines específicos, como atraer el amor.
En este contexto, se estudió el término aderezar, presente en documentos inquisitoriales y en diccionarios de la época, referido tanto a la ornamentación de imágenes religiosas como a la aplicación de aceites o aguas, revelando significados asociados al ritual. Uno de los interrogantes que surgen en torno a la elaboración de esta imagen es cómo las personas afrocaribeñas accedían a representaciones de santos, dada la escasa producción pictórica en el Nuevo Reino de Granada y el control eclesiástico sobre estos objetos. Sin embargo, existen evidencias que demuestran que algunos afrodescendientes encargaban o adquirían imágenes con fines rituales. Tal es el caso de Antonio de Salinas, apresado en 1689, a quien se le incautó una bolsa con reliquias, polvos, oraciones e incluso una imagen pintada de la Virgen de la Soledad.
A partir de este contexto, se reconstruyó una imagen aderezada de Santa Marta, realizada por el pintor Daniel Martínez Sánchez, quien empleó técnicas propias del Renacimiento y el Barroco, guiado por fuentes iconográficas del siglo XVII. Esta imagen transita entre el archivo y la creación, entre la historia documentada y la conjetura visual.
El ritual en torno a Santa Marta, aunque aparentemente sencillo, revela un entramado complejo de apropiaciones culturales, resistencias simbólicas y circulación de saberes. Asimismo, cuestiona la idea de que solo las élites accedían a bienes artísticos, visibilizando la agencia de los afrodescendientes en el uso, encargo y resignificación de objetos religiosos dentro de sus prácticas espirituales y estrategias de poder.
