La cabeza funciona como un diorama: Un pensamiento se sobrepone a otro, le sigue, o le complementa; lo contrasta o lo niega; la hila o lo ilustra; lo asocia. Por lo general, estos pensamientos llegan acompañados de imágenes, que como las palabras, se superponen unas sobre otras.
Es una forma de razonar a manera de manuscrito iluminado medieval: Sin jerarquías, sin perspectiva, con un orden orgánico que muestra símbolos e imágenes de lo que se está queriendo decir pero en función de la composición y asegurando que todo lo que debe mostrarse está ahí en algún lugar del espacio.
El espacio mental es usado de manera similar aunque con otro nivel de complejidad porque en este caso, es volumétrico, tridimensional y podría decir que infinito en cualquiera de sus rincones. Así como a ratos, aparece en primer plano la cara de esa persona que tanto se desea ver, se ubica perfectamente al lado del arroz que se debe bajar de la estufa para el almuerzo. Las mezclas más disímiles y aparentemente contrarias, encuentran en el espacio mental los nichos más naturales y fluidos que difícilmente encontrarían en espacios más concretos y táctiles.
La forma tan naturalizada que tenemos de entender los sueños es un gran ejemplo de esto; tomar té de tierra con un sapo vestido de payaso que habla francés puede ser una imagen casi rutinaria dentro de lo onírico. Sin embargo, en la vigilia puede pasar algo similar: el cuadro de Excel que se está diligenciando, se entreteje con el mensaje de WhatsApp que se quiere mandar, con las ganas de un helado y con el gato que insiste en acostarse sobre el teclado del computador. Si se pudiera sacar una foto instantánea de la mente en ese preciso momento, todos esos elementos e incluso otros más, tendrían que salir en ella. Seguramente lo que uno pensaría que debía estar en primer plano saldría en una esquina invertido o diminuto en el centro. Nada tiene un valor jerárquico sobre lo otro, simplemente cada pensamiento e imagen conviven unos con otros armando escenarios mentales, instantáneas de la vida, de formas de vivir y sentir el mundo y el instante.
Estas pinturas toman elementos formales de manuscritos medievales occidentales y orientales. Son narrativas construidas sobre aspectos puntuales de cómo veo el mundo hoy, cómo veo mi vida hoy y cómo trato de redefinirme dentro de ésta realidad. Haciendo un guiño a los telares antiguos que muestran escenas míticas o caballerescas, pinto escenas de mitos propios, telones mentales y capas de pensamiento.
