El problema del tiempo es la forma en que puede ser interpretado. Antes que un asunto de medición, el tiempo es una cuestión de percepción y afectos, depende del devenir en el cual se suspenden sus huellas. El tiempo pasado pertenece a la muerte, se acaba; sin embargo, las ruinas permanecen, pertenecen al devenir y como tal reaccionan ante los diferentes encuentros en los que se tropiecen. Maniquíes, revistas de medicina, enciclopedias, guantes quirúrgicos, son mercancías cuyos símbolos emergen en el instante en que comienza su extinción. Antes de ello son tan solo un despojo. Cuando un objeto ha perdido su función original, antes de su extinción en un depósito, un incinerador o un basurero, adquiere un nuevo símbolo, la de una mirada que nunca volverá a ser igual. De esas ruinas se compone la obra de Leonel Castañeda.
Inventa Anátomica condensa parte del devenir del universo visual del artista. Los recorridos urbanos en los que Castañeda ha perseguido objetos y utensilios, al igual que el ilimitado compendio de imágenes que ha acumulado por décadas, se convierten en vestigios de un rompecabezas del cual es posible expresar sus propias inquietudes. Los objetos e imágenes que pasan desapercibidos tras un mostrador o un mercado callejero, las imágenes de revistas caducas que pasan por material reciclado, reciben una nueva apreciación, adquieren una resignificación, adoptan un código simbólico casi religioso del que Leonel crea sus propias mitologías. Sus obras son relatos que registran los pasos de sus propias obsesiones: la muerte, la sexualidad, las imágenes del arte, y como telón de fondo reiteradamente el cuerpo humano.
Fragmentos del texto Quae inventa (2017), de Carlos Rojas Cocoma, Doctor en Historia.
