La obra reflexiona sobre el cuerpo y su materialidad, explorando el paso del tiempo. A través de un tejido elaborado con las canas de mi abuela, la obra indaga en el flujo constante entre memoria y olvido, entre lo que permanece y lo que se desvanece.
El olvido se plantea como un vacío lleno de posibilidades, un espacio donde la materia se transforma y encuentra nuevas formas de existir. En este proceso, el tejido, construido con los hilos de un cuerpo, baila y se descompone en la instalación, evocando la fragilidad del recuerdo y la potencia de la desaparición.
Desde el dibujo como lenguaje y gesto, la pieza instalativa convierte el vacío en un territorio de tránsito: la materia que el tiempo ha consumido, cobra vida en su movimiento, pero también se entrega al desgaste que implica la vida, permitiéndose desaparecer para convertirse en otra cosa.
La obra reflexiona sobre el cuerpo y su materialidad, explorando el paso del tiempo. A través de un tejido elaborado con las canas de mi abuela, la obra indaga en el flujo constante entre memoria y olvido, entre lo que permanece y lo que se desvanece.
El olvido se plantea como un vacío lleno de posibilidades, un espacio donde la materia se transforma y encuentra nuevas formas de existir. En este proceso, el tejido, construido con los hilos de un cuerpo, baila y se descompone en la instalación, evocando la fragilidad del recuerdo y la potencia de la desaparición.
Desde el dibujo como lenguaje y gesto, la pieza instalativa convierte el vacío en un territorio de tránsito: la materia que el tiempo ha consumido, cobra vida en su movimiento, pero también se entrega al desgaste que implica la vida, permitiéndose desaparecer para convertirse en otra cosa.