Esta obra se inscribe dentro de la representación del jarrón como forma de contención; tradicionalmente, en diferentes creencias ancestrales, la vasija ha funcionado como alegoría del útero femenino. “La luz no puede revelarse sin una vasija.” — Zohar. Desde este punto de partida, la pieza materializa una lectura del cuerpo como sagrado y de la capacidad divina de nuestra carne y nuestros huesos para ser luz o sanación. Esta noción se refuerza a través del bordado, entendido como un gesto reparador —que enmienda— o sana un objeto.
Esta obra se inscribe dentro de la representación del jarrón como forma de contención; tradicionalmente, en diferentes creencias ancestrales, la vasija ha funcionado como alegoría del útero femenino. “La luz no puede revelarse sin una vasija.” — Zohar. Desde este punto de partida, la pieza materializa una lectura del cuerpo como sagrado y de la capacidad divina de nuestra carne y nuestros huesos para ser luz o sanación. Esta noción se refuerza a través del bordado, entendido como un gesto reparador —que enmienda— o sana un objeto.