Bairo Martínez Parra

Olvido , 1994 (2026)

Fotografía intervenida

40 × 50 cm

Precio: 12.960.000 COP

Precio con IVA incluido del 19%

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Sedimentos del olvido

A comienzos de los años noventa, en Madrid, el artista encontró un conjunto de fotografías antiguas arrojadas a un contenedor de basura tras el cierre de un laboratorio y tienda de fotografía. Entre negativos deteriorados, retratos de estudio y fragmentos de archivo abandonado, aparecieron los rostros de personas desconocidas que, con el paso del tiempo, habían perdido toda referencia a su historia, su nombre y su contexto.

Este hallazgo fortuito sitúa el origen de la serie en una práctica fundamental del arte contemporáneo: el objeto encontrado. Desde comienzos del siglo XX, el gesto de
rescatar un objeto descartado y situarlo en un nuevo marco de sentido ha permitido cuestionar las jerarquías entre lo útil y lo inútil, entre el residuo y la obra. En este caso, las fotografías abandonadas funcionan como fragmentos de una arqueología urbana, restos materiales de vidas anónimas que la ciudad ha expulsado de su memoria visible.

La basura, en efecto, suele ser también un archivo involuntario. Entre los objetos descartados por la vida cotidiana aparecen con frecuencia restos de historias
personales: imágenes, cartas o fotografías que alguien decidió abandonar sin imaginar que esos fragmentos de memoria podían adquirir un nuevo significado. Lo
que para unos es desecho, para otros puede convertirse en un material cargado de sentido.

En ese punto aparece la mirada del artista. Atento al pulso de la ciudad y a sus residuos simbólicos, Bairo Martínez reconoce en estas imágenes algo más que simples restos del pasado. Las recupera y las traslada a su estudio, donde ese material olvidado se transforma en un campo de reflexión visual y conceptual. Aquello que fue arrojado al contenedor se convierte entonces en una materia cargada
de memoria latente que encuentra en el arte la posibilidad de seguir existiendo en otro contexto.

En la serie Códigos de Muerte, estas fotografías son intervenidas mediante estructuras inspiradas en el código de barras, un sistema contemporáneo de identificación que traduce objetos y cuerpos en secuencias numéricas. Las barras atraviesan los retratos como si se tratara de un escaneo: funcionan simultáneamente como registro, censura y metáfora del archivo.

Los rostros permanecen parcialmente visibles, pero ya no pueden ser reconocidos plenamente. Aquellas personas que alguna vez posaron para ser recordadas aparecen ahora atravesadas por un sistema impersonal de clasificación.

En la parte inferior de cada obra, una secuencia numérica codifica una palabra —OLVIDO, AUSENCIA, NADIE, SOMBRA, OCASO, DERIVA— siguiendo la equivalencia alfabética entre letras y números. El lenguaje se transforma en código y el nombre desaparece para convertirse en dato.

La serie establece así una tensión entre memoria y desaparición. Las fotografías sobreviven al paso del tiempo, pero las identidades que contenían se han disuelto. Lo que permanece es una imagen atravesada por los mecanismos contemporáneos de registro.

Rescatadas del abandono, estas fotografías ya no son retratos familiares ni documentos privados. Son vestigios de vidas anónimas que, tras haber sido expulsadas de la historia, regresan ahora como imágenes codificadas: residuos de memoria que el arte devuelve, momentáneamente, al campo de la mirada.

Allí donde hubo un nombre, ahora hay un código.
Bairo Martínez Parra
Olvido , 1994 (2026)
Fotografía intervenida
40 × 50 cm
Olvido
Bairo Martínez Parra
Olvido, 1994 (2026)
Fotografía intervenida
40 × 50 cm
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Bairo Martínez Parra
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Sedimentos del olvido

A comienzos de los años noventa, en Madrid, el artista encontró un conjunto de fotografías antiguas arrojadas a un contenedor de basura tras el cierre de un laboratorio y tienda de fotografía. Entre negativos deteriorados, retratos de estudio y fragmentos de archivo abandonado, aparecieron los rostros de personas desconocidas que, con el paso del tiempo, habían perdido toda referencia a su historia, su nombre y su contexto.

Este hallazgo fortuito sitúa el origen de la serie en una práctica fundamental del arte contemporáneo: el objeto encontrado. Desde comienzos del siglo XX, el gesto de
rescatar un objeto descartado y situarlo en un nuevo marco de sentido ha permitido cuestionar las jerarquías entre lo útil y lo inútil, entre el residuo y la obra. En este caso, las fotografías abandonadas funcionan como fragmentos de una arqueología urbana, restos materiales de vidas anónimas que la ciudad ha expulsado de su memoria visible.

La basura, en efecto, suele ser también un archivo involuntario. Entre los objetos descartados por la vida cotidiana aparecen con frecuencia restos de historias
personales: imágenes, cartas o fotografías que alguien decidió abandonar sin imaginar que esos fragmentos de memoria podían adquirir un nuevo significado. Lo
que para unos es desecho, para otros puede convertirse en un material cargado de sentido.

En ese punto aparece la mirada del artista. Atento al pulso de la ciudad y a sus residuos simbólicos, Bairo Martínez reconoce en estas imágenes algo más que simples restos del pasado. Las recupera y las traslada a su estudio, donde ese material olvidado se transforma en un campo de reflexión visual y conceptual. Aquello que fue arrojado al contenedor se convierte entonces en una materia cargada
de memoria latente que encuentra en el arte la posibilidad de seguir existiendo en otro contexto.

En la serie Códigos de Muerte, estas fotografías son intervenidas mediante estructuras inspiradas en el código de barras, un sistema contemporáneo de identificación que traduce objetos y cuerpos en secuencias numéricas. Las barras atraviesan los retratos como si se tratara de un escaneo: funcionan simultáneamente como registro, censura y metáfora del archivo.

Los rostros permanecen parcialmente visibles, pero ya no pueden ser reconocidos plenamente. Aquellas personas que alguna vez posaron para ser recordadas aparecen ahora atravesadas por un sistema impersonal de clasificación.

En la parte inferior de cada obra, una secuencia numérica codifica una palabra —OLVIDO, AUSENCIA, NADIE, SOMBRA, OCASO, DERIVA— siguiendo la equivalencia alfabética entre letras y números. El lenguaje se transforma en código y el nombre desaparece para convertirse en dato.

La serie establece así una tensión entre memoria y desaparición. Las fotografías sobreviven al paso del tiempo, pero las identidades que contenían se han disuelto. Lo que permanece es una imagen atravesada por los mecanismos contemporáneos de registro.

Rescatadas del abandono, estas fotografías ya no son retratos familiares ni documentos privados. Son vestigios de vidas anónimas que, tras haber sido expulsadas de la historia, regresan ahora como imágenes codificadas: residuos de memoria que el arte devuelve, momentáneamente, al campo de la mirada.

Allí donde hubo un nombre, ahora hay un código.
Bairo Martínez Parra
Olvido, 1994 (2026)
Fotografía intervenida
40 × 50 cm
Olvido
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Olvido, 1994 (2026)
Fotografía intervenida
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