Manolo Vellojín fue uno de los más exigentes y rigurosos pintores abstractos del último tercio del Siglo XX en Colombia. La geometría rigurosa, la aplicación del color plano, el uso de estrictas líneas horizontales y verticales son permanentes en toda su obra desarrollada hasta el momento de su muerte en el año 2013. Hermético y discreto, Vellojín mantuvo una actitud quizá demasiado silenciosa frente al medio del arte. La inesperada y reciente aparición de polaroids y ensamblajes en papel son desconcertantes en tanto permiten conocer un aspecto inédito de su sensibilidad, a la vez que abren una puerta para poder entender su proceso de trabajo, sin importar que sean experimentos, pruebas o divertimentos.
Mientras en las polaroids Vellojín estaba interesado en aspectos procesuales y secuenciales de la fotografía, en sus “Bellas“ toma imágenes de mujeres aparecidas en revistas, en ocasiones eróticas, para geometrizar, abstraer y deconstruir rostros y cuerpos. Sorprende, en ambas series, encontrar la insistente presencia humana. En sus polaroids, todas ellas intituladas, las manos, los rostros, los cuerpos aparecen entrelazados, mutilados e incluso quemados.
Las referencias literarias no faltan y encontramos arreglos donde el pintor cita, duplica y multiplica retratos de Rimbaud, Baudelaire, Proust y Picasso.
En las “Bellas”, de las que se tiene registro fueron publicadas únicamente en un magazín en 1982, las modelos son matemáticamente reducidas y/o repotenciadas en otros cuerpos y otras formas que aluden evidentemente al cubismo. Vellojín no escapó a la seducción de la imagen publicitaria y en sus imágenes se siente cierta satisfacción irónica frente al medio. El “arreglo” y la puesta en escena, inexistentes en sus sobrias y calculadas pinturas abstractas, no dejan de aparecer y uno podría preguntarse, incluso, si Vellojín no está rindiendo un homenaje, un tanto pop, a la imagen reproducible y la industria de la visualidad.
