Dos aspectos comunes a ambas piezas llaman la atención: el uso de texto puesto sobre la imagen y su técnica de impresión. El primer elemento busca condicionar la lectura a partir de generar contradicciones entre el texto y la imagen enfrentada. En el caso de Still life la contradicción parte de un análisis del título: una de las posibles traducciones de still al español es ‘inmóvil’ mientras que life traduce ‘vida’ en el sentido amplio de la palabra. Así, still life significaría literalmente ‘vida inmóvil’, una traducción que parecería recoger un principio epistemológico de la fotografía: la vida, entendida como movimiento, traducida a la quietud por medio de una imagen. Sin embargo la contradicción se hace más evidente cuando revisamos que la traducción en contexto de still life es naturaleza muerta. La naturaleza muerta o bodegón es un género artístico consistente en retratar objetos inanimados. Así pues, a través de este juego de palabras Mayer nos induce a preguntarnos acerca del retrato de un matrimonio antiguo, imagen que acompaña la obra: ¿es una naturaleza muerta porque es la imagen de una fotografía -objeto inanimado- o porque la pareja de la imagen probablemente ya murió? El hecho de que la pareja de la imagen ya esté probablemente muerta, ¿anula la vida inmóvil que captura? O, incluso, ¿qué está muerto, inmóvil o inanimado en la imagen: la pareja o la institución matrimonial? El uso de las contradicciones que plantea la literalidad de la naturaleza muerta también se hace latente en La belleza no aguanta balas en la cual la imagen contiene un bodegón de flores, objetos comúnmente considerados como bellos y asociados a la belleza. En este sentido, si la consecuencia del disparo de una bala es una herida que causa en cualquier caso una cicatriz o la muerte, ¿cómo entender que unas flores hagan parte de una escena en la que la muerte no se deriva de una herida de bala sino del simple hecho de ser un objeto inanimado? Con esto Mayer parece estar haciendo una reflexión sobre el contexto de intensa violencia que se anticipaba por aquella época en el país. Un contexto en el que Colombia, un país estereotípicamente considerado bello por sus paisajes y sus gentes, ha tenido que ver desfigurada o herida de muerte su belleza a causa de las balas que constantemente la inundan. La contradicción también podría apuntar a preguntarse por el lugar y la justificación del arte, tradicionalmente considerado como una de las expresiones por excelencia de la belleza, en medio de dicho contexto. Finalmente, frente a la xerografía -fotocopia- como técnica de impresión, Mayer parece querer desidealizar la creencia de que el arte no puede valerse de técnicas y materiales ordinarios para crear. La fotocopia, medio común de reproducción masiva de imágenes, podría entenderse como un gesto poético de las piezas pese a ser uno de sus elementos formales: la capacidad de Colombia para reproducir masivamente belleza, pero también balas y víctimas, y con estas, otro tipo de naturalezas muertas.
