Por cuenta de su estilo y contenido, esta pieza podría situarse dentro de la segunda fase de la producción artística de Zárate, etapa durante la cual la artista dedicó su trabajo a temas sociales y políticos. Sin embargo, esta pieza es insular dentro de su repertorio ya que no se ajusta completamente a las características de las obras producidas por aquella época. Si la analizamos desde su tema, la pieza hace una representación de una persona que abraza a otra mientras persigue con su mirada un punto por encima de ellos, develando que se encuentran en un lugar sombrío e inferior del que somos partícipes los espectadores gracias a la horizontalidad con la que la artista nos sitúa frente a los protagonistas. En este sentido, si asumimos ese lugar inferior como el de la pobreza, la desigualdad o la represión, éste sería el retrato de alguien que reconoce en el ejercicio de alzar la mirada un acto de rebelión en contra de esta realidad trágica en la que vive. Sin embargo, la pieza no retrata lo anterior desde el estilo literal que caracterizó a las obras de corte político producidas por aquella época, el cual respondía a su carácter propagandístico. Por el contrario, Zárate recurre a una representación dramática -casi teatral- que sugiere que el personaje que alza la mirada reconoce en este acto rebelde su destino, el cual está dispuesto a asumir dignamente a juzgar por el gesto sereno de su rostro. Esta expresión de dignidad se complementa con el abrazo, el cual tiene un lugar central en la composición y que nos habla de la existencia de un sentido de fraternidad y solidaridad entre aquellos que son pares en medio de dichas circunstancias. Así, ante la incapacidad del sujeto que está de espaldas para alzar la mirada, aquel que sí puede hacerlo le ofrece al otro un lugar de refugio y protección por medio de su abrazo. En cuanto al estilo, puede decirse que los personajes de esta obra son similares a los de series como El algodón, producida en 1980, en la que los sujetos fueron retratados con un aura altiva, combativa y victoriosa, forma de dotarlos de dignidad a ellos y a sus luchas. En donde se encuentran mayores contradicciones frente a la posible época de producción de la obra es en la parte formal teniendo en cuenta que la pieza es un dibujo elaborado en pastel graso sobre papel. Esto resulta extraño ya que, en dicha etapa, el uso del dibujo se encontraba relegado a la bocetación de la obra gráfica, carteles y murales que Zárate se encontraba produciendo tanto individualmente como en compañía de sus compañeros del Taller 4 Rojo. Por todo lo anterior, y gracias a sus características particulares, esta pieza constituye un valioso ejemplo de la versatilidad que lograría Zárate en cuanto a temas, técnicas y estilos a lo largo de su trayectoria artística.
