Durante su primera etapa artística, a la cual pertenece esta obra, Lucena produjo varias series en las que usaba una metodología similar. En primer lugar escogía notas pertenecientes a un género periodístico popular en aquella época, en las que la noticia usualmente era un suceso asociado al ejercicio de un rol arquetípico por parte de las mujeres: reinas de belleza, novias, esposas o damas de sociedad. Posteriormente recreaba las imágenes asociadas a dichas notas realizando modificaciones sutiles para distorsionarlas: valiéndose de la perspectiva o de características de la corporalidad de los personajes retratados, la artista alteraba o acentuaba rasgos, proporciones, gestos y texturas; o también, agregaba detalles prácticamente imperceptibles sobre estas. Las obras iban acompañadas de extractos de citas o comentarios periodísticos de las notas originales que describían el suceso retratado, sus motivos o señalaban la emocionalidad asociada al mismo. Estos podían estar en los títulos o, en ocasiones, en textos que incorporaba directamente dentro de las obras. El resultado de la conjunción entre estos elementos era un retrato artificial y desfigurado de los sujetos de las imágenes originales, símbolo de la forma como Lucena consideraba que se encontraba el rol hasta entonces ejercido por la mujer en la sociedad. La artista identificó que los arquetipos de sus obras, así como las expectativas de comportamiento asociadas a estos, no eran otra cosa que medios de control sobre la mujer usados por el “dominio patriarcal” y frente a los cuales, dado el contexto de la época, estaban empezando a emanciparse. Lucena se referiría a sus trabajos de esta primera etapa de la siguiente manera: «Animados por la rebeldía, impugnaban hábitos e instituciones opresivos y desuetos pero mistificados, que se expresan en nuestra sociedad de la manera más ridícula. “Las ceremonias matrimoniales” y “las reinas de belleza”, “compromisos”, “primeras comuniones”, “presentaciones en sociedad”, “defunciones” y finalmente, en la cúspide de la escala social los mandatarios, como la encarnación óptima de la ramplonería y lo obsoleto de las costumbres (…) Creía entonces que la mejor opción para un artista consecuente era expresar la farsa».
Durante su primera etapa artística, a la cual pertenece esta obra, Lucena produjo varias series en las que usaba una metodología similar. En primer lugar escogía notas pertenecientes a un género periodístico popular en aquella época, en las que la noticia usualmente era un suceso asociado al ejercicio de un rol arquetípico por parte de las mujeres: reinas de belleza, novias, esposas o damas de sociedad. Posteriormente recreaba las imágenes asociadas a dichas notas realizando modificaciones sutiles para distorsionarlas: valiéndose de la perspectiva o de características de la corporalidad de los personajes retratados, la artista alteraba o acentuaba rasgos, proporciones, gestos y texturas; o también, agregaba detalles prácticamente imperceptibles sobre estas. Las obras iban acompañadas de extractos de citas o comentarios periodísticos de las notas originales que describían el suceso retratado, sus motivos o señalaban la emocionalidad asociada al mismo. Estos podían estar en los títulos o, en ocasiones, en textos que incorporaba directamente dentro de las obras. El resultado de la conjunción entre estos elementos era un retrato artificial y desfigurado de los sujetos de las imágenes originales, símbolo de la forma como Lucena consideraba que se encontraba el rol hasta entonces ejercido por la mujer en la sociedad. La artista identificó que los arquetipos de sus obras, así como las expectativas de comportamiento asociadas a estos, no eran otra cosa que medios de control sobre la mujer usados por el “dominio patriarcal” y frente a los cuales, dado el contexto de la época, estaban empezando a emanciparse. Lucena se referiría a sus trabajos de esta primera etapa de la siguiente manera: «Animados por la rebeldía, impugnaban hábitos e instituciones opresivos y desuetos pero mistificados, que se expresan en nuestra sociedad de la manera más ridícula. “Las ceremonias matrimoniales” y “las reinas de belleza”, “compromisos”, “primeras comuniones”, “presentaciones en sociedad”, “defunciones” y finalmente, en la cúspide de la escala social los mandatarios, como la encarnación óptima de la ramplonería y lo obsoleto de las costumbres (…) Creía entonces que la mejor opción para un artista consecuente era expresar la farsa».