Beatriz González

Decoración de interiores , 1981

Obra gráfica. Serigrafia sobre tela a color, realizada en el taller de Victor Alfandary

240 × 340 cm

A finales de los años 60, en consonancia con la industrialización de los objetos que ocupan los espacios domésticos y a la cultura material popular en vigencia, González abandona el óleo por el esmalte sobre muebles metálicos, que fungen como superficie y marco de sus nuevos trabajos. En paralelo, consolidaba un archivo de recortes de periódicos a partir de una selección enfocada en las imágenes sobre crímenes, deportes y vida social. De este repertorio de imágenes emerge la exploración irreverente de íconos culturales locales y globales en serigrafías caracterizadas por una paleta de colores contrastantes y formas planas.

La aparición de personajes de la vida política del país en su obra tiene lugar en los inicios de la década del 80. La sátira alrededor de Julio César Turbay Ayala, presidente de Colombia entre 1978 y 1982, provenía de un gobierno turbio y represivo que recurrió a los medios de comunicación masivos para ostentar una figura presidencial particularmente opulenta y extravagante. Las fotografías mediáticas de Turbay constituyen la fuente de la serie de obras que González realizó como la autodenominada “pintora de la corte”.

En palabras de Carmen María Jaramillo: “Otra de las secciones del periódico que retoma la autora es la de las páginas sociales, colmadas en su mayoría por eventos donde participa el presidente Julio Cesar Turbay Ayala. Este formato le permite acentuar el carácter tragicómico del gobierno de turno, en manos de un intérprete que aparece en múltiples “instantáneas”, siempre sonriendo y con un vaso de whisky en la mano. Las series sobre Turbay constituyen un ejemplo puntual para comprender cómo Beatriz González es una de las primeras que conceptualiza el grabado en Colombia. Sus obras trascienden la idea de reproducción manual a través de medios tradicionales, de manera que las fotos de las páginas sociales son tamizadas a través de diversos procedimientos técnicos, propios de la impresión comercial. A modo de ilustración, en una obra como Decoración de interiores (1981), la foto que elige del gobernante, cantando coplas mexicanas en una fiesta, es repetida en forma sucesiva a lo largo de la tela. (...) Más que asumir el formato de un “cuadro”, el grabado adopta el carácter de objeto, cuya índole decorativa se traslada al contenido de las imágenes que contiene”.

La cortina es una continuación de la exploración de los objetos domésticos como soportes, en este caso reforzada por la misma imagen que refiere a una escena íntima de carácter público. La magnitud de la repetición de la imagen, el tamaño del soporte y la deliberada ausencia de refinamiento de las formas y la paleta de color escogida, son decisiones plásticas que, más allá de insistir en las cualidades reproductivas de la imagen impresa, son un señalamiento a la vulgaridad, el cinismo y al gobierno de mal gusto.
Beatriz González
Decoración de interiores , 1981
Obra gráfica. Serigrafia sobre tela a color, realizada en el taller de Victor Alfandary
240 × 340 cm
Decoración de interiores
Beatriz González
Decoración de interiores, 1981
Obra gráfica. Serigrafia sobre tela a color, realizada en el taller de Victor Alfandary
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Beatriz González
Decoración de interiores , 1981
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A finales de los años 60, en consonancia con la industrialización de los objetos que ocupan los espacios domésticos y a la cultura material popular en vigencia, González abandona el óleo por el esmalte sobre muebles metálicos, que fungen como superficie y marco de sus nuevos trabajos. En paralelo, consolidaba un archivo de recortes de periódicos a partir de una selección enfocada en las imágenes sobre crímenes, deportes y vida social. De este repertorio de imágenes emerge la exploración irreverente de íconos culturales locales y globales en serigrafías caracterizadas por una paleta de colores contrastantes y formas planas.

La aparición de personajes de la vida política del país en su obra tiene lugar en los inicios de la década del 80. La sátira alrededor de Julio César Turbay Ayala, presidente de Colombia entre 1978 y 1982, provenía de un gobierno turbio y represivo que recurrió a los medios de comunicación masivos para ostentar una figura presidencial particularmente opulenta y extravagante. Las fotografías mediáticas de Turbay constituyen la fuente de la serie de obras que González realizó como la autodenominada “pintora de la corte”.

En palabras de Carmen María Jaramillo: “Otra de las secciones del periódico que retoma la autora es la de las páginas sociales, colmadas en su mayoría por eventos donde participa el presidente Julio Cesar Turbay Ayala. Este formato le permite acentuar el carácter tragicómico del gobierno de turno, en manos de un intérprete que aparece en múltiples “instantáneas”, siempre sonriendo y con un vaso de whisky en la mano. Las series sobre Turbay constituyen un ejemplo puntual para comprender cómo Beatriz González es una de las primeras que conceptualiza el grabado en Colombia. Sus obras trascienden la idea de reproducción manual a través de medios tradicionales, de manera que las fotos de las páginas sociales son tamizadas a través de diversos procedimientos técnicos, propios de la impresión comercial. A modo de ilustración, en una obra como Decoración de interiores (1981), la foto que elige del gobernante, cantando coplas mexicanas en una fiesta, es repetida en forma sucesiva a lo largo de la tela. (...) Más que asumir el formato de un “cuadro”, el grabado adopta el carácter de objeto, cuya índole decorativa se traslada al contenido de las imágenes que contiene”.

La cortina es una continuación de la exploración de los objetos domésticos como soportes, en este caso reforzada por la misma imagen que refiere a una escena íntima de carácter público. La magnitud de la repetición de la imagen, el tamaño del soporte y la deliberada ausencia de refinamiento de las formas y la paleta de color escogida, son decisiones plásticas que, más allá de insistir en las cualidades reproductivas de la imagen impresa, son un señalamiento a la vulgaridad, el cinismo y al gobierno de mal gusto.
Beatriz González
Decoración de interiores, 1981
Obra gráfica. Serigrafia sobre tela a color, realizada en el taller de Victor Alfandary
240 × 340 cm
Decoración de interiores
Beatriz González
Decoración de interiores, 1981
Obra gráfica. Serigrafia sobre tela a color, realizada en el taller de Victor Alfandary
240 × 340 cm
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