A finales de los años 70 e inicios de los 80, Flor María Bouhot inició un proyecto fotográfico del barrio Guayaquil, Antioquia. Capturó un universo de colores lleno de decadencia, calor, muerte, vida, tristeza, alegría y hambre. Exploró los bares y las personas que se encontraban en la oscuridad, los que no querían ser vistos y que nadie quería ver. Lugares llenos de olores, colores y sabores. Asimismo, se interesó por el sentido etnográfico de los lugares que visitaba en sus excursiones, retrató las figuras geométricas de los espacios, los logos, letreros, motivos y caligrafías.
Esta pintura retrata a Greta, una trabajadora sexual, y al Pispo, un perro callejero. De acuerdo con Bouhot la intención de retratarlos de forma conjunta no derivó de algún tipo de vínculo existente entre los personajes de la vida real en los cuales ella se inspiró para hacer la obra. Entonces, si no existía ningún tipo de relación entre la Greta y el Pispo de carne y hueso, ¿por qué retratarlos juntos y hacer hincapié en ambos en el nombre de la obra? La respuesta remite a los elementos en común entre estos sujetos: ambos son seres desprotegidos, marginalizados y cuya supervivencia depende esencialmente de la calle. Sin embargo Bouhot, siendo consciente de esto último, decide no retratarlos en ese escenario natural para ambos sino que lo hace dentro de un espacio interior cubierto con un tapete lo que dota, por contraste, de una dignidad particular a sus personajes. En cualquier caso, este ejercicio no es un intento de la artista por esconder la realidad. En una lectura del cuerpo que hoy resulta problemática pero que era consecuente con la mentalidad de la época de producción de la obra, Bouhot visibiliza a través de la corporalidad de Greta las señales que evidencian su deterioro y descuido: un cuerpo gordo, una pierna inflamada que revela algún tipo de enfermedad o dolencia, un pelo escaso y ajado y un rostro con unos rasgos desfigurados. Estas señales contrastan con otros detalles como la estetización de su cara por medio del maquillaje o el uso de un vestido ceñido y revelador, aspectos que demuestran la persistencia de Greta por hacer de su cuerpo un objeto de deseo sexual y con ella, la manifestación de que el trabajo sexual era, probablemente, su única alternativa de subsistencia. Un último detalle que llama la atención es que por intermedio de Pispo -forma popular de calificar a alguien como lindo o bonito- Bouhot nos muestra una faceta antagónica a la naturaleza hostil y agreste de la calle: la existencia de otras formas de belleza entre los seres que la habitan.
