Dos naturalezas diferentes. La primera es la luz que se asoma por mi ventana a la una de la tarde y me quita la sombra para trabajar. La mano que después de un tiempo se desvanece en el cansancio ahora entra con intenciones de tocar esa luz, de sentir el exterior, que ahora lejano, intenta distraerla de su cotidianidad. Ella, la mano libre y sin sentido busca cobijo en el calor del sol de mediodía. La segunda hace referencia al sonido contradice esa calidez. Es plástico que se deforma con el movimiento, sonido amorfo, no orgánico que con cierta intención quiere modificar esa naturaleza. Plastificar el movimiento es una metáfora a nuestra vida hoy organizada a la eficacia. Plástico aquí y allá tanto que el cuerpo se vuelca a este material, se apodera de él, como nosotros mismos.
Dos naturalezas diferentes. La primera es la luz que se asoma por mi ventana a la una de la tarde y me quita la sombra para trabajar. La mano que después de un tiempo se desvanece en el cansancio ahora entra con intenciones de tocar esa luz, de sentir el exterior, que ahora lejano, intenta distraerla de su cotidianidad. Ella, la mano libre y sin sentido busca cobijo en el calor del sol de mediodía. La segunda hace referencia al sonido contradice esa calidez. Es plástico que se deforma con el movimiento, sonido amorfo, no orgánico que con cierta intención quiere modificar esa naturaleza. Plastificar el movimiento es una metáfora a nuestra vida hoy organizada a la eficacia. Plástico aquí y allá tanto que el cuerpo se vuelca a este material, se apodera de él, como nosotros mismos.