A partir de lecturas de adolescencia y juventud, como El cartero del Rey (pieza teatral de Rabindranath Tagore, 1913) y los poemas “Romance de la Luna, Luna“ y “Preciosa en el aire“ (de Federico García Lorca, ambos de su Romancero gitano, 1928), así como otras oraciones infantiles populares y trágicas, se construye aquí un imaginario personal. Tagore habla del encierro de una niñez enfermiza y burguesamente sobreprotegida, que alimenta desde una
ventana las ansias de explorar un mundo que apenas percibe y no se llega a conocer. García Lorca construye vívidos personajes surreales a partir de una entraña costumbrista en un mundo de instintos puros y libertad que se enfrentan a la autoridad y las normas en medio de refugios que muchas veces desnaturalizan lo desconocido que se esconde en lo profundo. Avellaneda sigue esos elementos de ingenuidad, coqueteo, horror, asedio y abuso sexual. De algo fantástico u onírico que se encuentra con lo malévolo y fatídico: “(…) un corpus plástico de pesadilla, terror y dolor en torno a la violencia en la niñez y la muerte de la inocencia”, en palabras de Daniel Bernedo, primer investigador en aproximarse a la serie.
A partir de lecturas de adolescencia y juventud, como El cartero del Rey (pieza teatral de Rabindranath Tagore, 1913) y los poemas “Romance de la Luna, Luna“ y “Preciosa en el aire“ (de Federico García Lorca, ambos de su Romancero gitano, 1928), así como otras oraciones infantiles populares y trágicas, se construye aquí un imaginario personal. Tagore habla del encierro de una niñez enfermiza y burguesamente sobreprotegida, que alimenta desde una
ventana las ansias de explorar un mundo que apenas percibe y no se llega a conocer. García Lorca construye vívidos personajes surreales a partir de una entraña costumbrista en un mundo de instintos puros y libertad que se enfrentan a la autoridad y las normas en medio de refugios que muchas veces desnaturalizan lo desconocido que se esconde en lo profundo. Avellaneda sigue esos elementos de ingenuidad, coqueteo, horror, asedio y abuso sexual. De algo fantástico u onírico que se encuentra con lo malévolo y fatídico: “(…) un corpus plástico de pesadilla, terror y dolor en torno a la violencia en la niñez y la muerte de la inocencia”, en palabras de Daniel Bernedo, primer investigador en aproximarse a la serie.