Este proyecto es una de las más cáusticas lecturas que ha podido hacerse desde las artes visuales del dominio marcial en fase declinante. En ella, Avellaneda realiza una serie de foto-performances, estudios y acciones rituales (reuniendo también algunos documentos personales y hasta elementos de la investidura castrense de su modelo), alrededor del encargo formal que recibe para ejecutar una académica y realista representación pictórica, a escala natural, de un militar de alto rango que había sido Ministro y luego Comandante General del Ejército Peruano (General de Infantería José Cabrejo Mejía, entonces en retiro) y quien era, además, dueño y arrendador de la casa en la que el grupo residía en el distrito de Chaclacayo. Ese conjunto de piezas alternas al cuadro, con el cual el artista responde directamente a esa solicitud, transforma la presencia de la autoridad, que a sí misma se imagina imponente, proyectando escenas de un sórdido e irónico contra-retrato que resultan más próximas al falso y pérfido relumbre que a la gloria.
A inicios de los noventa, ante la disolución del Grupo Chaclacayo y animado por el artista Klaus Wittkamp (quien les había visitado en Lima y en Alemania participa con ellos en performances), Avellaneda se propone exhibir en ese país algunas piezas que realizaba, además de proyectos producidos en contexto peruano, a través de presentaciones personales. Inédita hasta entonces, esta propuesta se presenta a fines de 1992 e inicios de 1993 en la Galería Inge Baecker, entonces con sede en Colonia: destacada promotora de creadores vinculados a Fluxus, quien fallece en 2021 (en las inundaciones que afectaron ese año suministros del oeste del país, dejando una alta cifra en muertos y damnicados). La galerista le anima a presentar partes de este proyecto realizado en Lima en 1987, al cual el artista añade algunos estudios gráficos del mismo producidos desde 1991.
“Retrato de un General” (1987 – 1992) parte de la solicitud de hacer una pintura en tamaño natural del dueño y arrendador de la casa donde el Grupo Chaclacayo tenía su taller, como condición para la renovación del contrato de arriendo. Él había sido el más alto mando del Ejército Peruano en 1964, durante el Primer Gobierno de Fernando Belaunde. Avellaneda accede al requerimiento y produce en sucesivas performances una propuesta impactante y hasta hoy completamente desconocida del arte crítico del poder en el Perú.
Empezando por el registro fotográfico del modelo con uniforme, medallas obtenidas y una banda de ministro confeccionada por el artista, que resulta tan larga que cae por el suelo (registro realizado en otra de sus propiedades, entonces en proceso de remodelación y casi en ruinas, que
sería una locación no pensada para representarse en la pintura); la grabación de una entrevista conducida por el artista (capturada en casettes); y la compilación de fotografías personales y publicaciones proporcionadas por el retratado. Las piezas reunidas describen sucesivamente la ejecución de la obra, acciones rituales alrededor del cuadro terminado (tanto en el interior del taller como en el desierto que circundaba la casa, custodiada por soldados); hasta la entrega del retrato al General, en la misma casa donde se hizo el primer registro, ya remodelada.
