Jaime Ardila / Camilo LLeras

El artista en su estudio. Santiago Cárdenas pintando. , 1977

Fotografía. Impresión análoga en gelatina de plata

9 × 15 cm (sin marco c/u)

En 1974, Ardila publicó en coautoría con Beatriz González el libro Apuntes para la historia extensa de Beatriz González. Tomo I. Era su primer intento por descubrir los mecanismos de la creación, acercándose a sus brillantes contemporáneos. En 1976 comenzó a perfilar la que sería su obra más ambiciosa: una exposición individual, un libro, una película y sesenta obras fotográficas enmarcadas, mostrando al artista fotógrafo frente al artista pintor, presentando la documentación de la actividad en sus estudios de Juan Cárdenas, Luis Caballero, Beatriz González, Santiago Cárdenas, Javier Restrepo y Manuel Hernández, un proyecto que jamás logró culminar, y que surgió una vez más, de las ideas generadas gracias a su relación con Lleras:
Un día Camilo descubrió un libro de Lord Snowdon en que había fotografiado prácticamente a todos los artistas ingleses vivos en ese momento, y a ambos nos pareció que esa era una buena idea. En Colombia había muchos artistas que venían desarrollando una labor y pensamos que el conjunto de ellos podría conformar algo interesante.

Para noviembre de 1976 Ardila fotografía a Juan Cárdenas que trabajaba en un garaje improvisado como estudio. Según Ardila: “Las fotos que tomé corresponden a una especie de proceso de ajuste entre pintor y fotógrafo”. Para ese entonces buscaba que cada disparo, que cada negativo fuese una obra total y autónoma, lo que permitió le llegar a realizar algunos retratos muy bien logrados del pintor:

En vista de los problemas que venían apareciendo, y considerando que como fotógrafo yo no le quitaba los ojos de encima a mi modelo, ensayé fotografiar indirectamente a Juan Cárdenas: a través de un espejo ovalado que estaba puesto en un caballete del estudio. Me resulta más propicio buscarlo a través del espejo, que enfocando directamente al pintor. Recordé las clases de historia del arte de Marta Traba, y de su explicación de "las Meninas" de Velázquez, cuando tomé la foto en que aparece Juan cuatro veces: dos en forma de pintura, un reflejo en el espejo, y una vista por detrás.

En 1977 Ardila acompañó a Santiago, hermano de Juan, en la realización de su Tríptico, que preparaba para su participación en la Bienal de Sao Paulo. De estas sesiones resultarán no solo una secuencia de 104 fotografías del artista realizando el cuadro desde principio a fin, sino el libro Verdades sobre arte, mentiras sobre papel, dedicado enteramente a la obra del pintor. Después de finalizado el trabajo con Santiago Cárdenas, Ardila empieza a trabajar con Manuel Hernández. Una de las razones que lo motivaba a seguir a Hernández era que “aunque nunca me había propuesto estudiar el arte abstracto, ni lograba encontrar algo de lo cual asirme para comprenderlo, en la pintura de Manuel advertí una especie de viejo buen gusto por el manejo del color, que fue lo que más me atrajo”.
El mismo año Ardila viaja a Medellín a entrevistar a Javier Restrepo, un joven pintor del que poco conocía, quien era apoyado por Alberto Sierra y la galería de la Oficina. Javier había adoptado una casa en la calle “San Juan con el palo arriba” para trabajar, y utilizaba este espacio para ejecutar diferentes procesos, lavaba las telas para tensarlas en la ducha y pintaba en el espacio central. Ese mismo año Restrepo ganaba el primer premio León Dobrinsky en Medellín, con sus Carros, cuatro idénticos automóviles amarillos, el primero de ellos que había registrado Ardila en su hechura.
Para 1978 Beatriz González se encontraba pintando su segunda versión del Almuerzo sobre la hierba de Manet, titulado Telón de la móvil y cambiante naturaleza, el cual preparaba para ser exhibido en la Bienal de Venecia. González trabajaba en un galpón con un andamio de tres niveles, y permitió que Ardila le acompañara durante tres meses.
El espacio del galpón le permitió a Ardila realizar diversos movimientos que comparó con los de la cámara cinematográfica, al poder hacer travelling y desplazamientos en todas las direcciones. De hecho, la serie termina con un oscurecimiento fotográfico o fade out, como si se tratara del descendimiento del telón en una obra de teatro.
Todos estos esfuerzos le valen un reconocimiento que se traducirá en la invitación que recibe para participar en la exposición colectiva Venezia 79 (1979), en el X Encuentro Internacional de Fotografía en Arlés (1979), en la XL Bienal de Venecia (1980) y en Video de Latinoamérica, en el MOMA de Nueva York (1981), donde expuso Mnemo-cine, un video consistente en una secuencia animada de las fotografías de Santiago Cárdenas trabajando en su estudio.
Posteriormente, Ardila y Lleras se dedicaron a la docencia y a la investigación sobre la historia del arte y la fotografía, colaborando en varios proyectos. A mediados de la década de 1980, Ardila y Lleras se retiran definitivamente del arte y se dedican a la astrología y a la lectura del tarot. En entrevista sostenida con Lleras en el año 2005 y mientras reflexionaba sobre su trabajo tres décadas atrás, afirmó: «Creo que yo nunca fui un fotógrafo. En los años sesenta quise ser un artista pero nunca quise ser fotógrafo. Yo solo quería ser respetado en el mundo del arte» (risas).
Jaime Ardila / Camilo LLeras
El artista en su estudio. Santiago Cárdenas pintando. , 1977
Fotografía. Impresión análoga en gelatina de plata
9 × 15 cm (sin marco c/u)
El artista en su estudio. Santiago Cárdenas pintando.
Jaime Ardila / Camilo LLeras
El artista en su estudio. Santiago Cárdenas pintando., 1977
Fotografía. Impresión análoga en gelatina de plata
9 × 15 cm (sin marco c/u)
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En 1974, Ardila publicó en coautoría con Beatriz González el libro Apuntes para la historia extensa de Beatriz González. Tomo I. Era su primer intento por descubrir los mecanismos de la creación, acercándose a sus brillantes contemporáneos. En 1976 comenzó a perfilar la que sería su obra más ambiciosa: una exposición individual, un libro, una película y sesenta obras fotográficas enmarcadas, mostrando al artista fotógrafo frente al artista pintor, presentando la documentación de la actividad en sus estudios de Juan Cárdenas, Luis Caballero, Beatriz González, Santiago Cárdenas, Javier Restrepo y Manuel Hernández, un proyecto que jamás logró culminar, y que surgió una vez más, de las ideas generadas gracias a su relación con Lleras:
Un día Camilo descubrió un libro de Lord Snowdon en que había fotografiado prácticamente a todos los artistas ingleses vivos en ese momento, y a ambos nos pareció que esa era una buena idea. En Colombia había muchos artistas que venían desarrollando una labor y pensamos que el conjunto de ellos podría conformar algo interesante.

Para noviembre de 1976 Ardila fotografía a Juan Cárdenas que trabajaba en un garaje improvisado como estudio. Según Ardila: “Las fotos que tomé corresponden a una especie de proceso de ajuste entre pintor y fotógrafo”. Para ese entonces buscaba que cada disparo, que cada negativo fuese una obra total y autónoma, lo que permitió le llegar a realizar algunos retratos muy bien logrados del pintor:

En vista de los problemas que venían apareciendo, y considerando que como fotógrafo yo no le quitaba los ojos de encima a mi modelo, ensayé fotografiar indirectamente a Juan Cárdenas: a través de un espejo ovalado que estaba puesto en un caballete del estudio. Me resulta más propicio buscarlo a través del espejo, que enfocando directamente al pintor. Recordé las clases de historia del arte de Marta Traba, y de su explicación de "las Meninas" de Velázquez, cuando tomé la foto en que aparece Juan cuatro veces: dos en forma de pintura, un reflejo en el espejo, y una vista por detrás.

En 1977 Ardila acompañó a Santiago, hermano de Juan, en la realización de su Tríptico, que preparaba para su participación en la Bienal de Sao Paulo. De estas sesiones resultarán no solo una secuencia de 104 fotografías del artista realizando el cuadro desde principio a fin, sino el libro Verdades sobre arte, mentiras sobre papel, dedicado enteramente a la obra del pintor. Después de finalizado el trabajo con Santiago Cárdenas, Ardila empieza a trabajar con Manuel Hernández. Una de las razones que lo motivaba a seguir a Hernández era que “aunque nunca me había propuesto estudiar el arte abstracto, ni lograba encontrar algo de lo cual asirme para comprenderlo, en la pintura de Manuel advertí una especie de viejo buen gusto por el manejo del color, que fue lo que más me atrajo”.
El mismo año Ardila viaja a Medellín a entrevistar a Javier Restrepo, un joven pintor del que poco conocía, quien era apoyado por Alberto Sierra y la galería de la Oficina. Javier había adoptado una casa en la calle “San Juan con el palo arriba” para trabajar, y utilizaba este espacio para ejecutar diferentes procesos, lavaba las telas para tensarlas en la ducha y pintaba en el espacio central. Ese mismo año Restrepo ganaba el primer premio León Dobrinsky en Medellín, con sus Carros, cuatro idénticos automóviles amarillos, el primero de ellos que había registrado Ardila en su hechura.
Para 1978 Beatriz González se encontraba pintando su segunda versión del Almuerzo sobre la hierba de Manet, titulado Telón de la móvil y cambiante naturaleza, el cual preparaba para ser exhibido en la Bienal de Venecia. González trabajaba en un galpón con un andamio de tres niveles, y permitió que Ardila le acompañara durante tres meses.
El espacio del galpón le permitió a Ardila realizar diversos movimientos que comparó con los de la cámara cinematográfica, al poder hacer travelling y desplazamientos en todas las direcciones. De hecho, la serie termina con un oscurecimiento fotográfico o fade out, como si se tratara del descendimiento del telón en una obra de teatro.
Todos estos esfuerzos le valen un reconocimiento que se traducirá en la invitación que recibe para participar en la exposición colectiva Venezia 79 (1979), en el X Encuentro Internacional de Fotografía en Arlés (1979), en la XL Bienal de Venecia (1980) y en Video de Latinoamérica, en el MOMA de Nueva York (1981), donde expuso Mnemo-cine, un video consistente en una secuencia animada de las fotografías de Santiago Cárdenas trabajando en su estudio.
Posteriormente, Ardila y Lleras se dedicaron a la docencia y a la investigación sobre la historia del arte y la fotografía, colaborando en varios proyectos. A mediados de la década de 1980, Ardila y Lleras se retiran definitivamente del arte y se dedican a la astrología y a la lectura del tarot. En entrevista sostenida con Lleras en el año 2005 y mientras reflexionaba sobre su trabajo tres décadas atrás, afirmó: «Creo que yo nunca fui un fotógrafo. En los años sesenta quise ser un artista pero nunca quise ser fotógrafo. Yo solo quería ser respetado en el mundo del arte» (risas).
Jaime Ardila / Camilo LLeras
El artista en su estudio. Santiago Cárdenas pintando., 1977
Fotografía. Impresión análoga en gelatina de plata
9 × 15 cm (sin marco c/u)
El artista en su estudio. Santiago Cárdenas pintando.
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El artista en su estudio. Santiago Cárdenas pintando.