Colombia tiene entre sus aguas y tierras grandes cantidades de oro que, aún hoy, después de siglos de explotación, siguen siendo extraídas para satisfacer la incontrolable demanda de este preciado metal. En dicha actividad, los ríos son unos de los mayores proveedores y, para ello, son sometidos a múltiples prácticas mineras que permiten obtener hasta el más mínimo grano.
Además de dicha riqueza mineral, ríos como el Atrato, el Cauca, el Guaviare, el Inírida, el Nechí, el Orinoco, el Pocune, el Quito y muchos otros, son fuentes inagotables de recursos que los hacen únicos y vitales para sus entornos. Por eso, para poder cuidarlos y entender su importancia, es necesario aprender a mirarlos como un reflejo vivo y latente de nuestra propia existencia.
Colombia tiene entre sus aguas y tierras grandes cantidades de oro que, aún hoy, después de siglos de explotación, siguen siendo extraídas para satisfacer la incontrolable demanda de este preciado metal. En dicha actividad, los ríos son unos de los mayores proveedores y, para ello, son sometidos a múltiples prácticas mineras que permiten obtener hasta el más mínimo grano.
Además de dicha riqueza mineral, ríos como el Atrato, el Cauca, el Guaviare, el Inírida, el Nechí, el Orinoco, el Pocune, el Quito y muchos otros, son fuentes inagotables de recursos que los hacen únicos y vitales para sus entornos. Por eso, para poder cuidarlos y entender su importancia, es necesario aprender a mirarlos como un reflejo vivo y latente de nuestra propia existencia.