Del latín ad bracchium: moverse hacia los brazos.


El abrazo es un gesto anterior a las palabras, una forma de conocimiento que nace del cuerpo. Es una expresión simple y profunda de la presencia. Cuando dos cuerpos se acercan, el tiempo se detiene, un instante de equilibrio.

En esta exposición, Eva Claessens dialoga desde ese espacio suspendido que el abrazo inaugura. Ella lo traduce en la suavidad de sus lienzos, donde las figuras se funden en contornos líquidos. Su obra es una oda a la cercanía, a la dilución de dos, la entrega.

La artista trabaja desde la intuición, desde la sensación que guía. En sus obras, la sensibilidad es una forma de conocimiento, un modo de escuchar al mundo sin interrumpirlo. No existe el control ni lo previsto, la obra nace de un estado de presencia y atención sostenida, siendo su mano la que reconoce el momento en que la forma llega a su estado.

El abrazo, en este encuentro, es método, lenguaje y arquitectura. Claessens abraza la piel del lienzo y acoge el silencio. Se construye un territorio donde la forma se vuelve emoción y la emoción, forma.

En esta misma exploración, emerge la naturaleza más pura y el abrazo se vuelve flor. Para Eva las flores son manifestación de la misma experiencia compartiendo la fragilidad y la fuerza, los abrazos encuentran en las flores una apertura, expansión delicada para su nacimiento sin resistencia.

Esta exposición es una conversación que crea desde la apertura, desde la delicadeza de lo humano. En su unión, la pintura se vuelve cuerpo, la escultura se vuelve respiración, y el arte se convierte en el más antiguo de los gestos, el de abrazar para reconocerse dentro y en comunión con la naturaleza.