Tejidos antiguos de lino, de dimensiones considerables y bordados en hilo de algodón rojo, son las obras más emotivas del proyecto expositivo de Marta.
Son un homenaje a las mujeres de su familia, mujeres invisibles que dedicaron su vida a hacer y cuidar, y nunca fueron reconocidas. Mujeres que a menudo recurrían al bordado en sus momentos difíciles.
Estos viejos telescopios heredados de la familia son el telón de fondo sobre el que representa el ciclo vital del bosque, utilizando la técnica del bordado. Las hojas de los árboles, convertidas en hojarasca, caen a la tierra, alimentándola y creando el mantenimiento para que la vida en el bosque comience de nuevo.
Puntada a puntada, bordando con hilo de algodón, el dibujo de montones de agujas de pino surge en un acto performativo y repetitivo, no guiado por un diseño preconcebido, sino por un acto meditativo, que, según el tono emocional del momento, se transforma en formas más gruesas o más abiertas.