Las obras de Juan Carlos Batista exploran las huellas—tanto simbólicas como materiales—que los conflictos bélicos y la colonización dejan sobre las culturas y los territorios.
Partiendo de pequeñas y medianas tallas artesanales de África y otros lugares, el artista construye un diálogo crítico que revela las tensiones de la apropiación cultural y las contradicciones del legado occidental.
Muchas de estas figuras de madera eran originalmente objetos rituales, concebidos para el culto y la mediación espiritual dentro de sus comunidades. Con la colonización, sin embargo, fueron despojadas de su poder simbólico y transformadas en objetos estéticos, integradas en colecciones museísticas o en circuitos del mercado del arte.
El gesto decisivo de Batista consiste en deconstruir cada talla en una multiplicidad de fragmentos y recomponerlos en una nueva escultura. A través de este proceso de desmontaje y reconfiguración, los fragmentos recobran voz y significado, convirtiéndose en obras de arte contemporáneo que invitan a reflexionar sobre la memoria, el poder y la transformación cultural.