ENTRE CHISTE Y CHANZA LA VERDAD SE ESCONDE,
ENTRE BROMA Y BROMA LA VERDAD SE ASOMA
En la serie Grafiti Interior Juan Uribe hace grafiti que no es grafiti, no son pro bono, son interiores y no son rebeldes. Uribe se autoinvita y será el último en salir de las casas, apartamentos, talleres de artistas y restaurantes en los que, con permiso de su dueño, elige una obra de arte, la descuelga y, sobre la pared vacía, escribe o dibuja en aerosol alguna cosa que se le ocurre en el momento, en conversación con el propietario y su autor. Cuando la obra de arte vuelve a su lugar, la intervención de Juan queda escondida. Sin embargo, antes de irse se asegura de hacer una foto profesional de su acción. Este gesto, aparentemente sencillo, rápido y divertido, como toda la obra de Juan Uribe, al repetirse, acumularse, registrarse y divulgarse, se convierte en algo poderoso y contenedor de muchas capas de información. En este caso, la serie nos ubica geográficamente en Bogotá, Colombia, la ciudad donde nació, vive, trabaja y de la que nunca se va a ir este artista, que con Grafiti Interior nos cuela y permite chismear lugares privados y de puerta cerrada. Sus fotos nos revelan un paisaje de la vida doméstica del coleccionista bogotano.
